sábado, 20 de febrero de 2016

Sobre el 1er. Encuentro [Fabián]

18.feb.16


SOBRE EL PRIMER ENCUENTRO


Arrancó el proceso de acompañarnos. La experiencia es estimulante, remueve cosas, cimbra los cimientos, sacude las expectativas y cuestiona los objetivos.


La diversidad de planteamientos, lenguajes, visiones, recursos, herramientas, referente e, incluso, caracteres, se me antoja como el principio de algo sumamente enriquecedor. Decía Carlos Fuentes que una sociedad celosa de su cultura, que no permitía el proceso de transculturación, estaba destinada a morir. Es decir, la mesa está puesta, basta con que tengamos hambre.


Logro identificar algunos retos personales para con este procesa. Primero, la necesidad de concreción: ¿qué decir?, ¿cómo dejarlo claro sin ser reiterativo?, ¿qué es lo realmente importante? y entonces me lo propongo como un ejercicio de claridad; de todo ese “mar de información”, ¿qué es lo valioso, lo destacable?, ¿en dónde están las boyas?, ¿qué criterio seguir para encontrarlas?. Discernir entre lo difuso y lo concreto. Elegir aquello que pueda clarificar la esencia del proyecto… ¿cómo hacerlo? Segundo, escuchar. Suelo ser testarudo y determinado. Me toma tiempo elaborar y estructurar un proyecto y, usualmente, logro justificarlo desde todas las aristas que me son observables (estructura sobre estructura). Por ello me es complicado escuchar. Mi reacción <casi instintiva> es negar el argumento. Sin embargo, con el paso del tiempo he permitido que la información se quede y haga mella, casi siempre desde la primera noche que la recibo. Me asumo pues como un rumiante de la información, me toma tiempo pero permito que permee el proceso. Quizá la estrategia sea callar, sólo recibir sin argumentar o procurar que sea sólo lo indispensable. Por último, el espejeo. Los procesos creativos me parecen la oportunidad idónea para espejearnos, para proyectar lo que traemos dentro y poder observarlo para entenderlo, al menos intentarlo. Procesos acompañados es, para mí, la oportunidad de situarme al centro de una habitación de siete espejos con la posibilidad/ necesidad de intercambiar constantemente mi posición con alguno de ellos y fungir como imagen y reflejo. Darme cuenta de que lo que comparto, cuestiono, refiero es mío, soy yo reflejado en el otro. En ese sentido, el reto es no olvidarlo, hacerlo consciente y ser perceptivo.


Existe algo, además, que me emociona. Encuentro un grupo de ocho personas que han perdido o intentan perder el miedo a la incertidumbre, a no saber de cierto todo, el miedo a no tener certezas. La necesidad de romper el paradigma de los procesos creativos entendido casi desde la academia nos abre posibilidades infinitas pero, además, nos exige definir nuestro discurso, delinear nuestro lenguaje, delimitar nuestra postura. La forma de hacerlo parte de la diversidad. Y es, creo, bajo esta estructura que un proceso creativo puede ser fructífero. Dice Luis de Tavira que “la libertad creativa no es más que el resultado de la esclavitud a la técnica”. Me gusta pensarlo como esa posibilidad de no saber cómo, cuándo, dónde, qué, de qué manera, con quién, pero saber, al menos, dónde estoy parado y desde dónde surge la necesidad de plantear un proyecto, ¿para qué? Encuentro interrogantes afines: el espacio, el equipo de trabajo, las certezas, la incertidumbre, el espectador, la estructura… el rito, el movimiento, la dicotomía, los opuestos, la violencia, la sensación.


Es mucho, es todo. Menos de seis horas de trabajo y ya dos noches sin poder parar al ratón. Estimulante, emocionante, gratificante el compartir, que no competir.



Fabián

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