PRIMERA SESIÓN. MARTES 16 DE FEBRERO.
Me muevo en dos puntos, siempre. Desconfío o confío demasiado.
Confío en el proceso como lo que es: un encuentro de ideas, lenguajes y formas de trabajo únicas, auténticas, de las que sé que puedo aprehender herramientas nuevas, no para reafirmarme, sino para evolucionarme. Para abrir los ojos a elementos que no había considerado y que pueden ser muy esclarecedores en mi proyecto actual o en futuros, como actriz o como directora (supongo que eso es lo de menos en tanto que haya una necesidad genuina de creación).
Desconfío de lo que yo pueda aportar a los demás proyectos. Quizá, por esa razón, me resultó un poco intimidante la dinámica de los post-it®. Y esa desconfianza viene de dos puntos:
1. En este acompañamiento, estoy trabajando con personas que admiro mucho y que, si bien no los mencioné en la descripción anterior de mi proyecto, sí hablé de sus trabajos. Haber estado cerca de ellos desde la universidad funcionó para hacerme una idea de proceso. Ellos son escuela para mí. Y aunque sea necesario y laudable cuestionar y aportar en todos sentidos, me siento tímida al cuestionar a un maestro.
2. El poco tiempo que pude estar en la primera sesión y mi ausencia en la segunda. Aún leyendo los trabajos de presentación de mis compañeros siento haber perdido valiosa información en las sesiones.
Sin embargo, me emociona ser parte del trabajo, porque quiero encontrar nuevas formas, recordar o encontrar nuevos caminos, o lugares comunes que cobren un sentido genuino en un discurso propio. Es un reto enorme romper con lo aprendido de mis maestros y comenzar a confiar en lo propio hablándolo, defendiéndolo, cuestionándolo.
Seguiré así, confiando y desconfiando, de mí, del otro, pero aprenderé a hacerlo mejor. Como siempre, en el mejor sentido.
María Fernanda Monroy G.
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